Aún tengo en la retina aquella absurda ceremonia en la cual los jefes políticos, tanto de
De nada sirvieron las buenas propuestas – desde los “pingüinos”, pasando por el Colegio de Profesores y numerosos educadores de verdad – para terminar con el lucro de quienes se enriquecen a costa del dinero de todos los ciudadanos. No cabe duda, hoy más que nunca, de que debemos reemplazar el sistema de educación actual por un Estado docente descentralizado: una educación de calidad, versus una educación de mercado. El gobierno ha funcionado siempre sobre la base de victorias a lo Pirro: se creía que una superintendencia de educación y una agencia privada de calidad podrían controlar esta ansia ilimitada de lucro y de usufructo de fondos públicos del cuales hacen gala los sostenedores privados. El último escándalo prueba que susodicho control es absolutamente ineficiente frente a un país dominado por la utopía del mercado neoliberal.
La historia de Chile, a comienzos del siglo pasado era, a mi modo de ver, muy útil para entender con detenimiento los escándalos que ocurren en la actualidad, informados muy superficialmente por los Diarios de la derecha duopólica. En 1900, Enrique MacIver denunció, en el Ateneo de Santiago, lo que él llamaba la crisis moral donde, una de sus raíces emanaba del sistema educacional. Creo firmemente que, ad portas del Bicentenario, Chile está viviendo una nueva crisis, que no sólo es moral, sino que descomposición política: del Transantiago pasamos a Ferrocarriles, del MopGate a las coimas, a la educación, mientras Corría el billete, como titula su libro un conocido escritor.

Los Seremis, secretarios ministeriales en cada Región, son un legado de la dictadura, aparentemente con objetivo de regionalizar el país. La verdad es que son ministros en chico, una especia de gamonales provincianos, que se sienten deslumbrados ante el poder y que, por diversos motivos, no han logrado, dentro de sus respectivas tribus políticas, altos cargos en la administración fiscal. Como siempre, pagan los chicos por los grandes y, como consecuencia, es muy posible que terminen siendo los únicos responsables de lo que se llama, en forma sutil, “desprolijidades administrativas” o “faltas benignas de control contable”. Es como si la educación fuera tarea exclusiva de contadores, o como si bastara con buenos balances para administrar el poder. Además de tecnocrático, el gobierno es ineficiente, por lo cual debiéramos concluir que las cabezas de huevo no sirven para nada. Esto de la desprolijidad sólo se la tragan los muy ingenuos.
Como siempre ocurre en estos casos, no se sabe, a ciencia cierta, el monto de los dineros no respaldados; según

Esta historia de los descuidos y desórdenes administrativos y contables –ojalá fuera sólo eso – viene desde tiempos muy remotos de nuestra historia: en los años 20 se repartían entre los parlamentarios las tierras fiscales, en Magallanes, en las concesiones salitreras en el norte y los dineros destinados a los albergues de cesantes: existía una especie de complicidad corporativa que hacía imposible denunciar estos escándalos, su pena de ser considerado un traidor o un díscolo. El senador Joaquín Echenique se atrevió a acusar a sus colegas, costándole el aislamiento por parte de sus pares; incluso, el diario Claridad, de
Es cierto que la derecha carece de autoridad moral – son Catones con el marrueco abierto - pues callaron e, incluso, defendieron los latrocinios del tirano Pinochet, sin embargo, hacen falta personas valientes y transparentes como el senador Echeñique -, al menos,
En el Chile monárquico presidencialista, las facultades fiscalizadores de

Análisis:
A leer este artículo me doy cuenta que el autor al poner como título “La educación chilena: de mal en peor” uno tiende a pensar en buscar soluciones al tema, pero en el artículo se ve muy estancado en el pasado, sacando temas políticos (que en algunos caso estoy de acuerdo) sin ver mas allá. Es cierto que los colegios privados están mucho mejor evaluados que los municipalizados, es cierto que muchos sostenedores buscan mas el lucro que la calidad educacional, citando al mismo autor “: una educación de calidad, versus una educación de mercado”, es cierto que muchos también falsifican libros de asistencia para aumentar el lucro en base a la subvención. Quizás todo esto sea un tema de motivación, a lo que me refiero con esto es que mucha gente dice que hay que tener vocación para educar, pero no todos los profesores come con “vocación”, pagan las cuentas con “vocación” o simplemente vivir con “vocación”. Al fin y al cabo los educadores son tan profesionales como un medico, un ingeniero o un abogado. Aunque suene totalmente mercado en Chile la paga a los profesores es muy baja pese a que se estudian 5 años como cualquier otra profesión, quizás, digo “quizás” si esto regularizara seria un plus motivacional para poder hacer una mejor educación y así tener mejores estudiantes. Otro tema es la igualdad en todo tipo de establecimiento, las pautas de evaluación de uno u otro, o la exigencia, no por estudiar en un colegio municipal hay que tirar la “esponja”, exijámosles mas a los alumnos, no hacer de las clases un sufrimiento, hay que ser didáctico y aprender motivados. Es por eso que tenemos que ver la educación con otros ojos, es verdad que muchas cosas que mejorar, pero tenemos que ver con altitud de mira los problemas y no retroceder al pasado.
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