domingo, 13 de junio de 2010

3er Artículo: Bullying en Chile


El bullying se caracteriza por ser un tipo de violencia en escolares ejercido por los mismos pares. Es de alta prevalencia en Chile y hasta un 85% de los escolares refiere haberlo sufrido. Existen algunos factores que se pueden asociar tanto a víctimas como agresores y sus consecuencias tienen relación fundamentalmente con la salud mental de los afectados.


¿Qué factores pueden asociarse a víctimas y agresores?
Se ha visto que con respeto al sexo, las conductas agresivas se dan principalmente en los varones, los cuales prefieren métodos directos de agresión, al contrario de las mujeres que utilizan métodos indirectos. (1)
Los escolares involucrados están en el periodo de adolescencia temprana, ya que se ha visto que los adolescentes mayores participan menos en este tipo de conductas.
La influencia del grupo de pares, el juntarse todos los días con sus compañeros y el quedarse dando vueltas después de la salida del colegio se asocian más a conductas agresivas, que el irse directo a su casa. Otro factor estudiado fue la relación con los profesores, aquellos alumnos que describen que tienen una relación excelente o buena con sus profesores participan menos en conductas agresivas. (1)

En la encuesta CONACE mencionada en el artículo anterior, también se pudo observar que los jóvenes con conductas agresivas presentaban mayor consumo de alcohol, marihuana, cocaína y pasta base. (2)
El tipo de colegio, ya sea este municipalizado, subvencionado o pagado, no influye en las conductas de violencia de sus estudiantes. En los 3 tipos las frecuencias de agresión y victimización fueron similares, por lo cual el ir a un colegio particular no constituiría un factor protector. (2)
Aquellos estudiantes provenientes de familias con padres separados o divorciados, presentarían un mayor riesgo con respecto a los estudiantes con familias con ambos padres juntos (OR 1,5, IC 95% 1,2-1.9). (3)
El consumo de televisión durante más de 2 horas al día (independientemente de que se realice entre semana o fines de semana) también se asocia significativamente con cualquier forma de acoso escolar (verbal o físico). (4)
Un estudio canadiense observó que las mujeres con obesidad presentaban mayor frecuencia de victimización (2 a 3 veces al mes), con respecto a sus pares con peso normal (OR 2,85, IC 95% 1,52-5,32). Esta diferencia no fue observada en el sexo masculino. Además las adolescentes mujeres con sobrepeso y obesidad eran víctimas preferentemente de acoso verbal (OR 2,66, IC 95% 1,34-5,27) y de aislamiento social (OR 2,56, IC 95%1,16-5,6). Este último tipo de victimización también fue observado en los varones obesos (OR 2,16, IC 95% 1,07-4,39). (5)


¿Cuáles son las consecuencias para los jóvenes protagonistas de este tipo de conductas?
En Dinamarca, un estudio de cohorte prospectiva de 6 meses, estudió a 1118 jóvenes entre 9 y 11 años. Los autores encontraron que al final del estudio, la incidencia de síntomas psicosomáticos (síntomas depresivos, ansiosos, dolor abdominal, problemas de sueño, sentirse tenso o cansado, mojar la cama o disminución del apetito), fue estadísticamente significativa en los jóvenes catalogados como víctimas de bullying al inicio del estudio. Por otro lado, aquellos jóvenes con síntomas ansiosos o depresivos al inicio del estudio presentaron mayor victimización al término de este, diferencia que también fue estadísticamente significativa, lo cual podría deberse a la mayor vulnerabilidad que podrían presentar estos jóvenes. (6)
En un estudio transversal realizado en Amsterdam el año 2001, en jóvenes de 9 a 13 años pertenecientes a escuelas primarias, se observó una mayor prevalencia de ideación suicida en mujeres víctimas de bullying, ya sea de tipo indirecto o directo (OR 3.62, IC 95% 2,08-6,28; OR 2,62, IC 95% 1,41-4,88, respectivamente), y los hombres víctimas de bullying indirecto (OR 5,58, IC 95% 2,89-10,6). (7)
Los agresores de ambos sexos presentan también mayor ideación suicida (hombres OR 2,34 IC 95% 1,27-4,29, mujeres OR 2,66 IC 95% 1,43-4,95). Además este mismo grupo presentan mayores conductas delictivas que sus pares, ya sean agresores directos o indirectos, situación que es estadísticamente significativa. (7)


Prevención:
Debido al impacto y los alcances que está teniendo el bullying en nuestros jóvenes es necesario tomar medidas de prevención, ya que se ha visto que la conducta agresiva en la niñez es considerada como un factor de riesgo para la violencia y conducta criminal en la adultez, además de las repercusiones principalmente en la esfera de salud mental que este fenómeno presenta.
Olweus (1) plantea 3 fases para enfrentar este problema.

1. La primera fase es la concientización de la población con respecto al fenómeno.
2. La segunda fase es el diagnóstico de la magnitud del fenómeno en un recinto escolar
3. La última fase es el trabajo en la sala de clases y finalmente en el individuo particular.
Con respeto a este tema, una revisión Cochrane en el año 2007 (8), evaluó el efecto de los programas de prevención de violencia en las escuelas con niños que son identificados como agresivos o riesgo de empezar a ser agresivos. Los estudios incluidos presentaban diferentes estrategias de prevención. Como resultados se obtuvo que la conducta agresiva fue significativamente reducida en grupos intervenidos versus no intervenidos, efecto inmediato en 34 estudios (SMD -0,41; IC 95% -0,56 a -0,26). Este efecto se mantuvo en 7 estudios que tuvieron un seguimiento de 12 meses (SMD -0,40 IC 95% -0,73 a -0,06).


¿Qué se está haciendo en Chile?
En nuestro país el MINEDUC (9) ha realizado diversos y múltiples esfuerzos para abordar este tema. Ejemplo de ello son la creación de la comisión de formación ciudadana, la política de convivencia escolar, materiales de apoyo para la convivencia escolar (reglamento de convivencia y resolución de conflictos), la constitución de consejos escolares, y proyectos pilotos entre otros.
A partir de los estudios realizados por Paz Ciudadana y UNICEF, la Oficina de Atención Ciudadana, 600 MINEDUC, del Ministerio de Educación ha comenzado a sensibilizar sobre este tema con la entrega de material informativo (10). Se recomiendan 6 acciones básicas, las cuales deberían ponerse en práctica en los diferentes establecimientos educacionales de nuestro país.
Estas acciones son:
1. Romper la ley del silencio
2. Normas claras y consistentes
3. Presencia y compromiso de los adultos
4. Mayor supervisión en los recreos
5. Desarrollar habilidades para resolver pacíficamente los conflictos
6. Enfrentar los prejuicios y la intolerancia



Análisis:

Aquí participan no sólo los agresores y sus víctimas, sino que también los testigos que presencian estos hechos. Existen factores asociados como el consumo de drogas, alcohol, la obesidad, la sensación de vulnerabilidad, etc. A pesar de que faltan más estudios dirigidos a este tema en nuestro país, se ha visto que los jóvenes chilenos también están involucrados en actos de este tipo, los cuales pueden traer consecuencias especialmente en el área de salud mental, tanto para las víctimas como para sus agresores. Es importante sensibilizar a la población con este tema e implementar estrategias de prevención en los colegios.

2do Artículo: Educación sexual de niños y adolescentes.


En el contexto de la reforma educacional que ha llevado a cabo el Ministerio del ramo en los últimos años, denominado MECE (Mejoramiento de la Calidad y Equidad de la Educación) surgió la iniciativa de comenzar a incorporar contenidos de educación sexual en la enseñanza media (JOCAS). A poco andar se produjo un debate público sobre la forma y los contenidos de dicho programa, los que suscitaron una fuerte resistencia en algún sector de nuestra sociedad. Esto determinó la revisión de dicha iniciativa.

Cuando se trata de indagar acerca de los motivos que hay detrás de la oposición de ciertos sectores a este tipo de programas, nos encontramos con algunos de tipo religioso y otros de tipo valórico. Hay quienes postulan que la información sobre materias relacionadas con la sexualidad fomenta el inicio más precoz de la actividad sexual, creencia que ha sido refutada por la evidencia empírica. Existen aquellos que sostienen que esta es un área de exclusiva competencia de la familia y por lo tanto desconfían de intervenciones por otras instancias. Las encuestas efectuadas en nuestro medio revelan consistentemente que esto no ocurre, aun cuando los adolescentes mayoritariamente declaran que "deberían ser" los padres quienes se encargaran de informarles al respecto.

Cualesquiera sean las opiniones en torno al tema, lo único que resulta meridianamente claro -producto de diversos estudios efectuados sobre la materia en el país- es la sorprendente y peligrosa ignorancia de los adolescentes sobre la materia. El trabajo "Creencia, actitudes y conocimientos en educación sexual" que aparece publicado en este mismo número de la Revista Médica de Chile es un valioso testimonio de este grave problema1.

Paradójicamente, tanto los sectores que se oponen a la educación sexual como la sociedad en general, no parecen haber tomado conciencia de que nuestros niños, adolescentes y jóvenes están recibiendo cotidianamente una "educación sexual" de poderosa y masiva ocurrencia a través de los medios de comunicación, tanto escritos como audiovisuales. La sociedad de consumo, guiada por su ethos mercantilista, descubrió hace tiempo que "el sexo vende". Pero es una sexualidad puramente física, desprovista deliberadamente o no del componente emocional y afectivo. Se nos bombardea a diario con un erotismo distorsionado, cuando no de pura y simple pornografía.

Resulta difícil mencionar las múltiples consecuencias ominosas que causa la falta de educación sexual de nuestra generación joven. En un esfuerzo sintetizador podríamos decir que esta situación genera riesgos biológicos, sicológicos y sociales, no sólo en los adolescentes mismos, sino también en sus eventuales hijos y en su grupo familiar2-4.

Entre los riesgos biológicos más importantes están el aborto y las enfermedades de transmisión sexual. También se sabe que existe una edad óptima en la mujer para la reproducción, que comienza después de los 18 años; los embarazos que ocurren antes de esta edad representan un riesgo biológico, tanto para la madre como para el hijo.

El número de abortos provocados antes de los 19 años de edad ha aumentado significativamente en los últimos cinco años. En nuestro país la información que se tiene al respecto es parcial ya que, siendo ilegal su práctica, los datos se refieren sólo a las hospitalizaciones por las complicaciones del aborto séptico. Aproximadamente una de cada diez mujeres hospitalizadas por esta causa son menores de 20 años y se calculan más de 4.000 abortos al año en este grupo etario.

Sin duda que el embarazo no deseado es uno de los problemas más frecuentes, derivados en parte importante del desconocimiento que existe en los adolescentes al respecto. Datos que ilustran con elocuencia este hecho son los que nos muestra el estudio ya mencionado1.

El embarazo en adolescentes es considerado un problema emergente de salud pública y constituye, además, un problema social, por las graves consecuencias médicas, psicológicas, económicas y demográficas que provoca. A esto se suma no sólo su incidencia creciente sino, además, el hecho que ocurra a edades cada vez más tempranas. Las tasas de fecundidad han bajado en todos los grupos etarios, excepto en las mujeres adolescentes.

Las consecuencias psicológicas del fenómeno que nos preocupa afectan en mayor o menor grado a la madre como, eventualmente, al hijo. Por otra parte están los sentimientos de culpa generados a veces por no desear tener un hijo o por el rechazo de sus padres u otras personas cercanas. Cuando la adolescente es obligada a abortar, las complicaciones siquiátricas pueden derivar en una neurosis de angustia o depresiva. Otra posibilidad es que sea recluida durante todo su embarazo y sólo después de entregar al recién nacido para adopción, recupere su libertad. También puede ocurrir que ambos adolescentes sean obligados a contraer matrimonio y ha seguir viviendo cada uno con sus padres o, dependiendo de la edad y de la situación económica de sus familiares de origen, se puedan instalar a vivir en forma independiente. En ambos casos lo habitual es que esto les acarree la necesidad de asumir un rol que los supera con creces y por ende se constituya en una severa fuente de estrés.

Diversas investigaciones revelan, por otra parte, que uno de los factores principales que se correlacionan con la separación o el divorcio matrimonial es el antecedente de haber tenido que casarse por un embarazo2-4.

Una situación frecuente que se agrega a las ya señaladas, es el sufrimiento de la niña por la deserción y el abandono por parte de su pareja. La ilegitimidad desprotegida está relacionada, entre otras cosas, con mayor mortalidad infantil.

Los problemas psicológicos que pueden afectar al niño no deseado pueden situarse en una gradiente que va desde el abandono total hasta diversos grados de rechazo, abierto o encubierto. La evidencia empírica acumulada no deja duda alguna respecto a las severas perturbaciones del desarrollo psicosocial que afectan a los niños que no han tenido la estimulación afectiva y cognitiva en etapas tempranas de su vida. Los así llamados "trastornos del vínculo" van a rematar en diversas patologías siquiátricas en edades posteriores, muchas veces en asociación con el síndrome del niño maltratado físicamente. Existen estudios que revelan que el 58% de los niños golpeados son hijos de padres adolescentes.

Entre los trastornos sociales que derivan del embarazo en adolescentes está la interrupción muchas veces definitiva de sus estudios, lo que sella o limita fuertemente sus posibilidades laborales futuras perpetuándose de esta forma el círculo de la pobreza. Las madres adolescentes más pobres y con menor escolaridad no sólo trabajan menos o tienen trabajos peor remunerados, sino que tienen menores posibilidades de mejorar su situación económica a través del matrimonio. En efecto, ellas tienen un mayor riesgo de escoger progenitores que no aportan, o abandonan al hijo permaneciendo solteras.

De los antecedentes expuestos resulta de toda necesidad implementar masivamente en el sistema educacional, programas de educación sexual que no sólo entreguen información sobre la anatomía y biología de la sexualidad, sino que enfaticen fuertemente los aspectos emocionales y afectivos. Estos programas no debieran reemplazar el rol primordial de los padres en este sentido; pero, tomando en cuenta por una parte la realidad detectada en las investigaciones y la reticencia de algunos sectores sobre su conveniencia, se hace necesario informarles de sus contenidos y conocer su opinión al respecto. De igual importancia sería lograr su consenso social sobre el rol de los medios de comunicación en esta materia.

Análisis:

Yo creo que la educación sexual en muy importante en adolescentes sobre todo, por que es precisamente en esta edad donde ocurren en gran parte la mayoría de los embarazos no deseados y todo esto por falta de información. Por otro lado están las enfermedades de transmisión sexual. por eso es efectivo que en cursos de la enseñanza media se den clases de educación sexual, ya que a esa edad todo niño o niña empieza a experimentar estas cosas y que por falta de información o irresponsabilidad pagan las consecuencias.